Una de las explicaciones que funcionarios de gobierno dieron respecto de la fijación de techos a las tasas de interés, es que el sistema financiero ecuatoriano es ineficiente, lo que a su vez presiona al alza a las tasas de interés especialmente en los segmentos de microcrédito y consumo minorista, y que la política de disminución gradual de tasas obligaría a las entidades del sistema financiero a la búsqueda de fórmulas para la disminución de costos y el aumento de la eficiencia.
Comparativamente con América Latina y otras regiones del mundo algunos indicadores que miden la eficiencia de las instituciones micro financieras, evidencian que en el Ecuador existe un adecuado uso de los recursos, tanto en relación con los activos totales como con la cartera de crédito. Así mismo si se analiza el costo promedio por prestatario, este es inferior al promedio de América Latina y el Caribe.
Las entidades que cobran las TEA’s más altas en el Ecuador en los segmentos de microcrédito, son precisamente aquellas que aplican metodologías o tecnologías de concesión de crédito más trabajo intensivas
¿La política de disminución de tasas de interés ha desincentivado el otorgamiento de crédito?
A partir de la aplicación de la política de disminución de tasas efectivas máximas que implementó el gobierno nacional, las TEA´s referenciales o promedio por segmento han disminuido considerablemente.
Uno de los riesgos de una política de fijación de techos a las tasas de interés, es que racione el crédito en los segmentos más costosos de atender desde el punto de vista operativo, o con mayor percepción de riesgo de crédito (es la aplicación de economía básica: controles en los precios limitan la oferta).

Pero la expansión y evolución del crédito bancario en el Ecuador en los últimos años. Entre el 2007 y 2011, la cartera bruta de crédito se ha incrementado a una tasa del 80,5%, duplicando su nivel de financiamiento en los últimos cuatro años, mientras que la economía en términos nominales creció en razón del 44,9%, para este mismo período. Por tanto, la actividad crediticia bancaria en el país creció a un mayor ritmo que la propia economía en su conjunto, incrementando así el nivel de bancarización y profundización financiera del país

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